Ángel Guinda

Algunos Poemas

El Mundo

El mundo es el desguace
de una gran turbulencia.

El mundo es un zarpazo
de odio enamorado.

El mundo es una nube
de aves migratorias.

El mundo son campanas
con cabezas por badajo.

El mundo es una mano
de sangre encarnizada.

El mundo es una puerta
abierta al otro mundo.

 

 

 

Zozobra

Tengo miedo de mi voz.
Xavier Villaurrutia

Los trazos de la vida me dan miedo.
Me da miedo la sombra de la sangre,
la cruz de los destrozos, mi cerebro,
el cielo, el mar, la estrella, el infinito.
Me dan miedo las dosis de alquitrán
que estrangulan el aire que respiro;
las voces que oigo al fondo de mis ojos.
Me da miedo el tremendo sobresalto
que me despierta cada madrugada.
Me da miedo la altura, el precipicio,
la atrocidad del grito y del silencio.
Me da miedo el temblor de mi memoria,
lo que me atrae, lo que me repele,
el dolor, la alegría. Me da miedo
estar acompañado y estar solo.
Me da miedo que el tiempo se me trague.
El miedo tiene miedo de mi miedo,
porque yo soy el miedo y me hago miedo.
Me doy miedo de verme tan afuera
sin saber bien qué llevo yo aquí dentro.

 

No

Soy un claro interior, el porvenir
de una puerta que siempre está atrancada,
la trampa de vivir y ver morir.

Contra la destrucción de la conciencia
bramo, reviento, clavo en Dios los codos.
Soy un zarpazo roto de paciencia.

Una luz que, arañando los escombros,
borra la niebla y sigue hacia adelante.
Un hombre con la sombra hasta los hombros.

Como hambre y bebo sed con todos
los condenados a escarbar la nada.
Esto no es un poema, es un desplante.

Profundamente grito un no rotundo.
Yo no quiero vivir en este mundo.


Sangre negra

Este vino que bebo no es la sangre  de Cristo.  Este vino que vivo es la coagulación de los números rojos,  sangre  violada  en  guerra.  Este vino o las lágrimas secas de todos los que emigran, de todos los sin techo, de todos los que todo lo que tienen es nada.  Este negro vino de mala uva, que bebo como vivo, es  menstruo  de   mujer crucificada, es un Cristo de sangre clavado en  mi conciencia.

Andamios

Son las sombras de un mundo sin alma,
los escombros de la desgracia. Sufren.

Silenciosos como los cementerios,
su corazón es una casa desahuciada.

Trepan desde el infierno, reptan
por el carril del despilfarro.

Son las farolas fundidas de la ciudad,
sus ruedas pinchadas, sus zanjas insondables.

La pobreza, el dolor, la soledad,
el abandono, la ruina, la derrota.

Duermen a la intemperie con los ojos abiertos,
entre el estruendo de la indiferencia.


La diferencia

Todo armoniza por la diferencia:
el desierto de hielo, el árbol en la roca,
la suave furia del mar y las estrellas.
Nacemos transparentes como el aire,
nos volvemos opacos como el mármol.
Uno puede soportar tanto dolor
como placer es capaz de recibir.
Piedra, hierba, fuego, agua,
luz, tiniebla, tempestad de arena:
todo armoniza por la diferencia.
La ciudad, mientras duermes,
draga el silencio que todo lo hace nuevo.
Nadie tiene otra patria que su soledad,
nadie llega a nadie si no es para marcharse.
Tiene el amor en sus abrazos
el atroz método del amordazamiento.
Cuanto nos llena del otro nos vacía.
Nube, raíz, el canto de los pájaros:
todo armoniza por la diferencia.


Cajas

Lo diría una indígena y tendría razón.
“Ustedes tienen la vida organizada en cajas.
Nacen y les depositan en una cajita,
su casa es una caja, y las habitaciones
son cajas más pequeñas.
Suben a la casa en una caja,
bajan a la calle en una caja.
Viajan en una caja.
Duermen y hacen el amor sobre una caja.
A través de una caja ven el mundo.
Cambian de casa: lo meten todo en cajas.
Los Bancos y las Cajas hacen caja.
Y cuando mueren
les introducen también en una caja.”
Todo está hecho para que encajemos.
Nos encajan la vida.
Algunos no encajamos, y nos desencajamos.